lunes, 24 de agosto de 2015

“La Primera Vez”

“La Primera Vez”
Por Charles Espriella
¿Cómo era ella?
Tenía los ojos color miel y era blanca, casi transparente. Cabellos rojo casi hasta la cintura y aunque en aquel tiempo teníamos la misma edad ella era más alta que yo.
Teníamos 12 años, éramos unos niños cuando nos enamoramos.

No podía dejar de pensar en ella y solo esperaba a que dieran las 12:30 para salir volando en mi bicicleta del colegio e irle a buscar a la escuela en la que ella estaba y así, así pasar la tarde juntos, riéndonos, platicando, mirándonos, buscando pretextos para tocarnos las manos…

Nunca la bese, no despierto. Me daba miedo ¿saben?
No se si ella lo deseaba, supongo que sí, pero es que jamás en mi vida había besado a nadie. Les presumía a mis amigos que si lo había hecho, pero eran puras mentiras, patrañas de chamaco…

Durábamos sentados en la banqueta de afuera de su casa horas enteras, hasta que salían ya noche nuestros padres a buscarnos y a decirnos que ya era suficiente.

Y como suele pasar, a mi madre le caía en gracias todo esto, pero a la madre de ella no…

Un verano salimos de vacaciones  lo que a mí me pareció una eternidad y cuando volví a la ciudad solo tenía el loco deseo de verla y platicarle… a penas y me cambie de ropa y salí volando de nuevo en mi bicicleta como lo hacía y mi madre me grito: “con cuidado” y no me importo porque solo quería estar a su lado y oler su dulce aroma y perderme en sus ojos y tocar sus manos suaves como la seda…

Ese verano estaba decidido a decirle que fuera mi novia, antes de dar vuelta en la esquina de la cuadra para llegar a su casa, me pare en  una casota que estaba muy bonita y llena de rosas y corte algunas para ella. Le quite con cuidado las espinas, metí mi mano en mis bolsillos y vi que traía 10 pesos y pensé en comprarle un chocolate y así lo hice en la tienda de enfrente…
De nuevo sigo mi marcha, mi corazón late como el tambor de un guerrero apache, mi pulso se acelera, sonrío como estúpido solo por sonreír, mis ojos se tornan grandes y mi pelo se confunde con el viento cálido de aquel agosto…

Al llegar a su casa me doy cuenta que ella está abrazando a otro, uno más alto que yo.
Tiene los ojos cerrados y él toma delicadamente su mentón afilado y lo levanta y lo lleva lentamente hasta sus labios y la besa…

Mis puños se apretaron tan fuerte que casi cortaban mis manos… de pronto todo se oscurecía, era una locura, no podía creerlo…

No supe que hacer… llore todo el camino de vuelta a mi casa…
En cuanto cruce la puerta y mi madre me vio a los ojos ella supo lo que me había pasado…
Llore en sus brazos y después me fui a mi cuarto y me acosté con la espalda aplastada por todo el peso del universo sobre mi… y volví a llorar…
Y ella nunca más me hablo…
No sé si me vio… qué más da…
Así fue la primera vez que una mujer me rompió el corazón…