viernes, 14 de agosto de 2015

"La Puerta Abierta"

La Puerta Abierta
Por Carlos Espriella

Es de madrugada, el reloj marcan las 3:00 A.M.,   despierto,  lo miro, sus números rojos se vuelcan sobre mis pupilas y me hipnotizan. Soy víctima del tiempo.
Volteo hacia la puerta de mi habitación, suelo cerrarla aunque este solo, aunque los espíritus y los demonios que me rondan viven adentro y no afuera de ese cuarto vacío sin vida.
La puerta se encontraba abierta y mi mente se desquició, no había nadie más en la casa, solo yo, mi gato y mis recuerdos.
Me levanto y siento el piso helado en forma de nubes acariciando mis cansados pies.
Tengo miedo pero tengo que cerrar la puerta, nadie debe dormir con la puerta abierta.
Camino hacia ella y conforme mis ojos se van acostumbrando a la oscuridad escucho la voz quedita detrás de mi oreja que me dice: “te están mirando, hay alguien ahí…”
Me detengo por unos instantes y escucho que algo se arrastra, algo anda por el suelo y va y viene y quiero arrancarme el alma de miedo y necesito dormir, me cansa mucho sentirme así… tengo dormir…
De nuevo la voz en mi oído: “viene por ti, te va a llevar…”
Quiero gritar pero mi boca esta sellada, mis piernas no me responden y esa “cosa” anda por allí arrastrándose hacia quien sabe dónde ni cómo ni por qué…
¡¿A quién diablos le hice tanto mal que no me deja dormir?!
De pronto lo que sea que sea esta entre mis piernas, me está lamiendo los tobillos como si me saboreara. Estoy muerto de pánico, tengo ganas de vomitar…
“¿Por qué abrieron la puerta?”  Pienso mientras mi corazón está a punto de hacerse trizas…
De pronto, sea lo que sea se pone de pie, siento su respiración en mi cara… me besa, me muerde el labio inferior mientras me abraza apasionadamente como se abrazan los amantes después de no verse en mucho tiempo.
Continuo helado, sin poder moverme… siento sus manos acariciando mi espalda y sus uñas hacen surcos sobre mi… huele a sangre, así como huele el acero, así huele…
Intento mirar sus ojos pero son dos ventanas oscuras que no llevan a ningún lado, no tienen final…
“te veo mañana a la misma hora” me dijo… y se fue…
Amaneció y yo seguía parado frente a la maldita puerta abierta sin poderme mover…

Pienso: “debo de comprar una mejor cerradura”