martes, 1 de septiembre de 2015

“La vecina loca”

“La vecina loca”
Por Charles Espriella

Vive sola, ella es la única que habita esa vieja casa de una planta rodeada de árboles  de “palo fierro”  y matorrales que han ido creciendo sin sentido alrededor de la casa hasta formar una especie de campo protector.

Tiene dos perros, no son de raza, son más bien corrientes cruzados con de la calle. A veces los tiene en el porche otras dentro de su casa… sin embargo, estos animalitos le son fieles, son dos guardianes que al menor movimiento si quiera que se escucha por la banqueta lanzan sus ladridos defensivos.

Como les dije, ella vive sola y su vestimenta  es la de una adolescente  de los años setenta. Vivía con su abuela y su madre, las cuales murieron ya hace tiempo atrás.

Se viste como en aquellos tiempos aunque su cabello largo casi hasta la cintura esta basto de canas y su cara flaca y larga dejan ver los surcos de arrugas que forman ríos de años y años de soledad y abandono.

Nadie ha cruzado con ella palabra alguna, solo sale de noche de vez en cuando a regar las plantas y los árboles que parecen sobrevivientes de un holocausto.
Por entre sus ventanas se ven los cristales sucios y con telarañas y detrás de ellos se alcanza a apreciar una persianas de metal de esas que ya no se usan y que no veo desde los ochentas…

Su casa es una casa normal en su edificación, salvo que quien sabe cuándo fue la última vez que se pintó y se notan esas rayas negras que caen por las paredes como si fueran viejas gárgolas de algún castillo francés. Tiene un carro abandonado sin llantas dentro de lo que se puede decir es un anexo del porche, quien sabe de quién era, como les digo, yo solo vi en esa casa  alguna vez a la abuela, la madre y la hija y nada más. 
Nunca vi que llegaran familiares o amigos a visitarlas. Incluso nosotros los vecinos jamás lo hicimos.

Ahora caigo en cuenta que ni siquiera se su nombre.

A veces me levanto de madrugada y por alguna razón me asomo por la ventana que da frente a su casa y está toda oscura, no se ve luz alguna pero puedo sentir que ella está sentada en su mecedora del porche  acompañada de sus dos perros, fumando y mirando hacia donde estoy. Puedo jurar que veo la tiza al rojo vivo brillando como una luciérnaga entre los matorrales y ramas de árboles…

En la parte de atrás de hay un cuarto que quizás alguna vez se utilizó como cuarto de servicio… hay noches cuando no hay luna que se ve la puerta media abierta y como si dentro de esa habitación hubiera una vela encendida…  mi mente piensa mil estupideces o locuras alrededor de esto que quizás no valga la pena si quiera mencionar… me hace sentir un extraño miedo, no sé cómo explicarlo… me da ansiedad… no me gusta.

He visto muchas películas de terror y a veces me imagino a esta singular mujer teniendo a alguien secuestrado en ese lugar y tratándolo peor que a un animal para saciar su locura y Dios sabe que extraños placeres…

Una noche estaba sentado en la terraza de la casa oyendo un programa de rock por la radio y de pronto, eran como las 10 de la noche de aquel viernes… de pronto comencé a escuchar unos gritos de una mujer, era mentadas de madre entre otras cosas y se escuchaba que pateaban puertas y aventaban cubetas y cosas de cristal a la calle…

Me asome discretamente por la terraza y vi que era esta mujer…
Estaba hecho un torbellino, estaba destruyendo y maldiciendo a todo lo que tenía alrededor, incluso pasaba por donde estaban sus perros y los pateaba…

Pensé que esta mujer de plano había perdido la cabeza después de tantos años de soledad o que quizás tomaba pastillas para la depresión y se le había pasado la mano con la dosis… mil cosas pensé…

Pasaron algunos minutos lo que me parecieron horas, también pasaron dos policías en moto pero nada más voltearon a ver el desmadre y continuaron su marcha…
Su grito era un alarido lastimoso, era como si ardiera de adentro hacia afuera, como si le estorbara el alma dentro del cuerpo. Parecía poseída….

Después sin más ni menos, se sentó en la guarnición de la banqueta frente a su casa, saco un cigarrillo, lo encendió, le pego un golpe y expulso suavemente el humo que venía desde sus entrañas…

Después volteo justo exacto a donde me encontraba yo protegido por las sombras de las paredes y de la noche y me miró fijamente y después me giño el ojo izquierdo… seguido hizo un ademan como si me tirara un beso… le pego otro jalón al cigarro, aventó despacio el humo, tiro el cigarro y se metió a su casa… a su guarida que estaba totalmente oscura… por medio de la persiana medio abierta que estaba justo de lo que yo suponía era la sala, se encendió la luz de un viejo televisor en blanco y negro…

Y después de eso más nada, total silencio y paz…
Me encontraba totalmente petrificado… ¿Qué chingados fue eso? ¿Cómo supo que estaba ahí? ¿Qué hay con todo ese desmadre que hizo?
Me quede helado… sentí mucho pavor…

Corrí en chinga hacia la puerta principal y le puse doble llave, luego fui a la puerta del patio y después de igual forma a la puerta de la terraza. Las asegure… esa cabrona no estaba bien…
Apague todas las luces de la casa. Tome una silla y me senté justo en la ventana de mi cuarto que da directo a su casa, apenas y abrí la cortina y mire hacia ese lugar… todo estaba oscuro, salvo esa lucecita roja brillando en su porche… ahí estaba… me estaba mirando, me estaba esperando… me estaba vigilando ¿Qué quiere de mí?

Así sentado me quede dormido invadido de un miedo que nunca había sentido… ¿Cómo era posible que me diera miedo? Era casi una anciana que media si acaso 1.55 metros contra el 1.80 que mido yo… ¿Qué podría hacerme?

Eran como las 3 de la madrugada cuando unos pasos se escucharon subiendo por la escalera… volteo por la ventana y la puerta de su porche que daba a la calle estaba abierta… Ella había salido…
Me la imagine vestida con esas ropas de terlenka y su pelo tapándole parte de su cara y su mano derecha un cuchillo de carnicero diciendo maldiciones y caminando lentamente hacia mí mientras me miraba con esta vista que parecía perdida y perturbada…

Se abre lentamente la puerta… y veo la silueta de ella quien efectivamente tenía algo en la mano…
Me quiero levantar y no puedo, soy presa del pánico… ella camina hacia mí y me mira con esos ojos color aceituna y veo que es más vieja de lo que parece…
-“padre nuestro que estas en los cielos…”
Ella camina hacia mi… sonríe…
-“santificado sea tu nombre…”
La tengo justo frente en mi cara…

El sol del amanecer se cuela por el pequeño espacio que había abierto en la  cortina para espiar a la maldita loca y me doy cuenta que el ataque solo había sido un sueño.

Me voy a costar a mi cama y pienso en “Aura” de Carlos Fuentes…  seguro que algo así vivió el Maestro Fuentes… el mundo está llena de gente rara… si lo sabré yo…