viernes, 6 de enero de 2017

Bacanora, mezquite, un catre y el cielo estrellado de Sonora

Bacanora, mezquite, un catre y el cielo estrellado de Sonora
Se me quedo mirando aquel viejo con sus ojos azules como el cielo y su rostro marcado con los surcos de los años que cavaron infinidad de veces alegrías y dolores hasta formar una especie de laberinto sobre su frente, y me dijo:
-Un día despiertas, otra vez como lo has hecho tantas veces y te das cuenta que han pasado muchos años.
Tengo 75 y parece que son muchos pero nunca son suficientes. Más tarde tengo que ir con el doctor, me he sentido mal ¿sabes? Y a pesar de que tengo mucho dinero no puedo disfrutarlo, no como quisiera.
-Don Abelardo, si yo fuera usted, con todo ese dinero me fuera a viajar por el mundo, me compraba una motocicleta, me tiraría de paracaídas, compraría una casa en la playa, me iría de pesca… hay tantas cosas que a su edad aún se pueden hacer, bueno, lo de la moto y el paracaídas tengo mis dudas, pero quizás y si…
-No Carlitos, lo que extraño es sentir como me sentía cuando era joven. Eso no se compra con nada.
Mira, cuando tenía como 17 años, mi Apá me dejo el terreno donde ahora tengo la mina y me dijo “ahí esta este terreno para que empieces a chambiarle, si quieres estudiar estudia, si quieres trabajar pues trabaja” y me puse a chingarle duro…
A veces no tenía ni para comer y me dormía debajo de los mezquites en un catre viejo que tenía… a veces dormía solo con mi perro, otras con alguna de las chamaconas de algún pueblo cercano.
El de la tienda de abarrotes a veces como que le daba lastima y me regalaba comida y bacanora de vez en cuando. Con el tiempo, cuando me empezó a ir bien lo aliviane, era un viejón de esos que ya no hay, igual que mi Apá…
Entonces, muchas noches soñaba despierto ahí acostado y escuchando el viento revolotear entre las ramas de los árboles que se confundía con la respiración de mi perro, El Oso, se llamaba, no era de raza pero era muy fiel, todavía recuerdo el día que se me murió… haz de cuenta que se me murió un hijo, lo quería mucho.
Pues bueno, miraba la luna, a veces las estrellas… un par de veces vi estrellas fugaces, mis nietos no saben lo que es ver las estrellas, ellos viven aquí en Hermosillo y aquí no se ve ni madres.
Pues te digo, me quedaba soñando despierto y pensando en todo lo que haría cuando tuviera dinero.
Haría una casa enorme, aquí mero, no en Hermosillo, Hermosillo está muy feo y jodido, allá cerca de Tecoripa la iba a hacer… tendría ganado y sembraría hortalizas o lo que se dejara.
En fin, un rancho asi como el que salía en el programa “Bonanza” ¿te toco verlo, sabes cual es?
-Si, como no, estaba bien morro pero si me acuerdo…
-Pues así Carlitos, así como ese… igualito.
-¿Y qué paso Don Abelardo?
-Pues nada, que si lo pude hacer. Resulta que me fue muy requeté bien con la mina y pude hacer mucho dinero…
-¿Y luego pues?
-¿Pues como que luego pues? ¡Pues que se fue en chinga la vida y quizás ya mero me muera y no quiero!
Cambiaría todo lo que tengo por tener 17 años y estar debajo de los mezquites en mi catre con una chamacona desnudos tomando bacanora y acompañado del buen Oso…
-¡Ah! Eso dicen toda la gente que tiene lana Don Abelardo…
-¡Ah pinchi Carlitos! ¡Yo no soy como toda la gente!
-jajajaja, Pues todo eso lo puede hacer aun Don Abe
-Querrás que me muera cabrón, si ya no estoy ni para un trago de bacanora… Te voy a traer una botella de bacanora uva lama para que veas lo que es bueno…
-Claro que si Don Abelardo, cuando guste…
-Adiós Carlitos…
-Hasta pronto Don Abelardo…

Y esa fue la última vez que hable con él…
Ojala que allá a donde fue haya mezquites, bacanora, lo espere su fiel amigo Oso y haya mujeres tan bonitas como las que hay en Sonora.